Como es difícil pasar por momentos de aflicciones, cómo es difícil
administrar nuestro emocional en medio de las dificultades, como es complicado
muchas veces no lograr resolver nuestros dilemas, y mirar hacia el lado y ver a
nuestro hermano pasando por dificultades también, y a veces si sentirse
impotente. Nuestro mayor error es querer hacer cosas grandiosas y muchas veces
lo que necesitamos es hacer el mínimo, algunas situaciones en nuestras vidas se
resuelven muchas veces cuando no hacemos absolutamente nada, muchas veces el
simple hecho de oír a nuestro hermano ya lo ayudamos, son pequeñas las
actitudes que hacen que el Reino de Dios se extienda sobre la tierra. Es tiempo
de parar de intentar ser Dios, y ser nosotros mismos, entender nuestras
limitaciones y hacer lo que tenemos capacidad de realizar, dejar de Dios ser
Dios. El Espíritu Santo quiere enseñarnos que las aflicciones van a formar
parte de nuestra vida, pero no es con ansiedad, desesperación, autoconfianza,
que vamos a vencerlas, sino con dependencia al Padre, con búsqueda sincera de
la presencia de Dios, con entrega de nuestros sentimientos en las manos del
Señor.

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